En Puerto Rico, más del 40% de la población vive bajo niveles de pobreza, una cifra que aumenta entre niños, mujeres jefas de familia y comunidades racializadas. Para Espacios Abiertos, esta realidad no es una estadística inevitable, sino una consecuencia de decisiones estructurales que pueden y deben cambiar. La pobreza no es solo falta de ingresos es también falta de acceso justo a servicios esenciales, oportunidades económicas y condiciones dignas de vida.
Por eso trabajamos para que las decisiones fiscales y presupuestarias respondan al bienestar colectivo. Impulsamos el regreso y rediseño del Crédito por Trabajo (EITC), ahora más inclusivo y accesible, beneficiando a más de 650,000 familias y reduciendo la pobreza en un 3.9%. Acompañamos su implementación con herramientas como el portal Crédito por Trabajo, el Mapa de Impacto del EITC y la campaña Reclama Tu Dinero, diseñadas para democratizar el acceso a esta política pública.
Nuestra apuesta por la justicia económica también incluye revelar lo que antes estaba oculto. Hicimos público el informe de Gastos Fiscales del gobierno (más de $23 mil millones anuales en exenciones y créditos) y lo pusimos al alcance de todos a través del Observatorio Fiscal. Allí también se puede ver cómo se han usado los fondos federales tras desastres como Fiona, y cuál ha sido el impacto de la deuda y los incentivos.
En el plano federal, hemos denunciado las inequidades en programas como SNAP y hemos llevado evidencia a Washington para exigir mayor equidad en la asignación de recursos. Además, acompañamos a comunidades en el uso de datos y herramientas que les permitan entender y defender sus derechos económicos. Porque sabemos que una política pública no transforma si no llega a la gente que la necesita.
Finalmente, aportamos a políticas a largo plazo como el Plan Decenal para la Erradicación de la Pobreza Infantil, convencidos de que la justicia económica comienza por poner a las personas, y en especial a la niñez, en el centro. En Espacios Abiertos, creemos que la pobreza es una injusticia corregible. Y que con información, evidencia y participación activa, podemos cambiar no solo los números, sino las vidas.






